Antes de ser una creación de pastelería, BOJAGI es un gesto: envolver un regalo en un cuadrado de tela, como se hace en Corea desde hace generaciones. Para las fiestas de fin de año, la chef pastelera del Park Hyatt Paris-Vendôme traslada este ritual a un tronco de líneas plegadas y prolonga su diálogo entre dos culturas hasta la Epifanía.
Hay creaciones que se saborean antes incluso de cortarlas. Es el caso de BOJAGI, el tronco de Navidad ideado por Naraé Kim para el Park Hyatt Paris-Vendôme, cuya forma cuenta una historia antes de que la cuchara lo toque. El nombre procede del bojagi (보자기), el arte tradicional coreano de envolver regalos en un cuadrado de tela anudado. En Corea, este gesto no es banal: supera la simple función de envoltorio y se convierte en símbolo de respeto, generosidad y benevolencia hacia quien recibe. Ofrecer un objeto cuidadosamente envuelto equivale a transmitir con él un deseo de felicidad.
Esa dimensión casi ceremonial es la que Naraé Kim ha elegido traducir en pastelería. Bajo una envoltura inmaculada de pliegues suaves y gráficos, que evocan el gesto preciso de doblar la tela, se esconde una composición pensada para el invierno: bizcocho de té negro, crema de mantequilla con castañas, cremoso de castaña, caramelo de vainilla, mousse de castañas y mousse de pera. Un crujiente de speculoos y una brunoise de castañas aportan relieve al conjunto. El tronco, previsto para entre 8 y 10 personas, se ofrece a 110 euros.
No es la primera vez que la chef, cuya trayectoria lleva la doble huella de la pastelería francesa y su herencia coreana, elige un objeto cotidiano de Corea como matriz de una creación. Su firma reside precisamente en esa capacidad de hacer dialogar dos vocabularios: el rigor técnico y el lenguaje de los postres franceses, por un lado, y una memoria personal y cultural, por otro. El bojagi funciona así casi como un manifiesto: la pastelería como envoltorio de una intención, más que como simple acumulación de sabores.
Unas semanas después, para la Epifanía de 2027, Naraé Kim continúa el mismo diálogo entre patrimonio y naturaleza con La Châtaigne, una galette des rois modelada a imagen del fruto que le da nombre. Su silueta orgánica y su decoración delicadamente nervada rinden homenaje a las formas naturales en lugar de a los motivos habituales de la galette. Bajo un hojaldre invertido de gran finura aparece un frangipane de almendra y castaña, realzado con crema de castañas y trozos de castañas tostadas que aportan profundidad aromática y textura. A 65 euros para entre 6 y 8 personas, reinterpreta un clásico de la pastelería francesa con una economía de medios deliberada: el placer se expresa mediante la sencillez de las formas, no mediante el exceso decorativo.
Entre estas dos citas se dibuja una misma firma. Naraé Kim no busca imponer un estilo reconocible solo por sus códigos visuales, sino hacer de cada creación un objeto que lleve significado antes que azúcar. En el Park Hyatt Paris-Vendôme, en el número 5 de la rue de la Paix, este enfoque forma parte de una ambición más amplia: una pastelería de autor que se niega a elegir entre excelencia artesanal francesa y universo personal, y prefiere hacerlos convivir, pliegue tras pliegue, hasta que la técnica se retire ante la emoción.










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