Para la primavera-verano 2027, Alberto Zambelli da a su colección el nombre The Room. La referencia a Una habitación propia, de Virginia Woolf, sirve de punto de partida para una cuestión de corte: ¿cómo puede una prenda crear alrededor del cuerpo un espacio propio, sin aislarlo ni constreñirlo?
La respuesta pasa por volúmenes ligeros y por el aire dejado entre la piel y el tejido. La casa acerca esta búsqueda al lugar del vacío en la pintura china. No se trata de deducir de ello un parentesco cultural demostrado, sino de comprender el principio formal que plantea el creador: la aparente falta de materia puede convertirse en una parte activa de la silueta.
La lana técnica color cal, los plisados irregulares en tonos de tinta y azufre, el algodón jacquard a rayas y la seda componen esta arquitectura flexible. Las líneas se redondean, adoptan formas de capullo o toman del kimono una fluidez que acompaña el movimiento. Unas lentejuelas de efecto nacarado introducen una luz mesurada en el conjunto.
The Room convence sobre todo por la precisión de su pregunta. Una «habitación» portátil solo vale si sigue siendo habitable: si los volúmenes conservan para el cuerpo una libertad real, la referencia literaria deja de ser un título y se convierte en un método.







































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