Del 2 de octubre de 2026 al 2 de mayo de 2027, el museo de Artes Decorativas dedica su primera exposición monográfica al fotógrafo brasileño convertido, en pocos años, en una referencia de la imagen de moda contemporánea.
Ciento treinta impresiones, una década de portadas
La exposición «Rafael Pavarotti, fotógrafo» reúne más de ciento treinta impresiones, desde portadas de revistas de moda hasta retratos de figuras de la cultura pop —Rihanna, Harry Styles, Beyoncé—. La elección del número es reveladora: ciento treinta imágenes para cubrir una trayectoria aún joven, lo que sitúa la exposición menos del lado de la retrospectiva de carrera que del reconocimiento institucional precoz de una firma visual ya identificable.
Una comisaria de colección, un cómplice del artista
El comisariado corre a cargo de Sébastien Quéquet, adjunto de conservación encargado de las colecciones fotográficas del museo, mientras que la escenografía recae en Ibby Njoya, descrito como un fiel colaborador del fotógrafo. Esta doble firma —la institución por un lado, el círculo de trabajo habitual de Pavarotti por otro— sitúa la exposición en la encrucijada de dos legitimidades: la del museo que clasifica y la del taller que produjo las imágenes.
El color como lenguaje, no como decorado
El trabajo de Rafael Pavarotti se distingue por imágenes coloridas y sensuales, profundamente inspiradas en las culturas afroindígenas brasileñas. Allí el color no funciona como un complemento estético sino como un vector de afirmación identitaria: una manera de hacer convivir la luz, la textura y la reivindicación de un origen, en un medio, la fotografía de moda, que durante mucho tiempo trató el color como una simple herramienta de seducción comercial.
Brasil en el corazón de un museo francés
Al dedicar una exposición a este corpus, el museo de Artes Decorativas —institución históricamente orientada hacia las artes aplicadas y lo decorativo europeo— abre sus muros a una iconografía nacida fuera de ese perímetro geográfico y cultural habitual. La yuxtaposición de portadas de moda internacionales y retratos de estrellas del pop reconocibles mundialmente con un anclaje reivindicado en las culturas afrobrasileñas convierte esta exposición en un caso de prueba: el de la manera en que una institución de lo decorativo francés absorbe una imagen que no procede de su propio canon.
Lo que la exposición no cierra
Queda una pregunta que la exposición, por documentada que esté, deja abierta: la de la manera en que un vocabulario visual nacido de una identidad cultural precisa circula después por las páginas de las grandes cabeceras de moda, hasta convertirse en un lenguaje reconocible con independencia de su origen. Ciento treinta impresiones bastan para plantear la pregunta; no bastan para responderla.

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