Baglietto ante el vértigo del gigantismo

by PASCAL IAKOVOU
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Un astillero fundado en 1854 bajo Napoleón III acaba de entregar, en La Spezia, el mayor yate de sus 172 años de existencia. Que Baglietto elija precisamente hoy cruzar el umbral de los 60 metros con el T60 dice menos de un simple récord que de la pregunta que recorre actualmente todo el yachting de tradición: cómo crecer sin diluirse.

El casco número 10260, diseñado por Francesco Paszkowski y con interiores firmados junto a Margherita Casprini, no es un golpe de efecto aislado. Es la primera de una serie de tres unidades de 60 metros ya vendidas, cuyas entregas se escalonarán a lo largo de dos años: una cartera de pedidos que confirma, con mayor certeza que cualquier discurso, que el mercado acompaña a Baglietto en este terreno nuevo para la casa italiana. El astillero también ha comprometido cerca de 25 millones de euros en inversiones hasta 2030 para ampliar su capacidad de producción, hasta el punto de contemplar unidades de 75 metros.

Este giro hacia el yate de muy gran eslora no es neutro para una casa cuya identidad se ha construido sobre unidades más íntimas, de entre 35 y 65 metros, y sobre un saber hacer artesanal reivindicado hasta en el nombre de sus talleres. La apuesta del T60 consiste precisamente en trasladar esa sensibilidad de astillero familiar a una escala industrial inédita, sin que una disuelva a la otra. Se percibe en el planteamiento estético del barco: un casco que Baglietto quiere «visualmente más ligero», casi suspendido, y una banda continua de cristal negro que integra los ojos de buey; decisiones que buscan aligerar mediante el diseño lo que el gigantismo impone en volumen.

La distribución interior lleva aún más lejos esta lógica al disolver la frontera entre dentro y fuera: el salón principal y la cubierta superior, totalmente acristalados y modulables, confluyen en un único espacio de vida orientado al mar, prolongado por un beach club de 60 metros cuadrados con piscina, gimnasio y bar. La cubierta superior, por su parte, está enteramente reservada al propietario —despacho privado, vestidor y piscina de contracorriente a proa—, una manera de recordar que el gigantismo, en Baglietto, se pone ante todo al servicio de una intimidad preservada y no de una mera exhibición de metros cuadrados.

Diego Michele Deprati, director general del astillero, no se equivoca cuando habla de un «objetivo estratégico perseguido con determinación» y no de una simple proeza técnica. Porque de estrategia se trata: en un mercado del gran yate dominado por un puñado de nombres neerlandeses y alemanes, Baglietto juega una carta italiana, la de una herencia familiar capaz de reivindicar, a 60 metros, la misma exigencia de diseño que a 35.

El T60 se presentará en primicia mundial en el Monaco Yacht Show, del 23 al 26 de septiembre. Allí se enfrentará a un público que no tardará en juzgar si este gran gesto industrial ha sabido preservar, o no, aquello que distinguía al pequeño astillero de La Spezia.

BAGLIETTO T60

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